
De nuevo llega la Navidad, con su regusto de reencuentros familiares y la perspectiva de pantagruélicos banquetes para los que se puedan permitir algún dispendio.
Y se nos viene encima el año nuevo, acompañado de las eternas promesas incumplidas de llevar una vida distinta, de dejar esos hábitos que siempre dijimos que queríamos abandonar y de enmendar errores, volátiles promesas casi siempre envueltas en vapores de alcohol.
De modo que es una buena ocasión para desearnos mutuamente felicidad y fortuna, de olvidar penurias y rencores y disfrutar de lo mucho que tenemos, que no es poco si contemplamos cómo anda el mundo.
Así que os deseamos lo mejor y os felicitamos de corazón las fiestas. Y lo hacemos apelando a la belleza, al arte, ayudados por la dulce melancolía que nos invade con las palabras de Chicho Sánchez Ferlosio, la magia de Sílvia Pérez Cruz y la guitarra de Refree. Creednos, es mucho mejor que cualquier villancico.
Gallo rojo, gallo negro
Cuando canta el gallo negro
es que ya se acaba el día.
Si cantara el gallo rojo,
otro gallo cantaría
¡Ay! Si es que yo miento,
que el cantar de mi canto
lo borre el viento
¡Ay! Que desencanto,
si me borrara el viento
lo que yo canto.
Se encontraron en la arena
los dos gallos frente a frente.
El gallo negro era grande,
pero el rojo era valiente.
¡Ay! Si es que yo miento,
que el cantar de mi canto
lo borre el viento
Se miraron cara a cara
y atacó el negro primero.
El gallo rojo es valiente,
pero el negro es traicionero.
¡Ay! Si es que yo miento,
que el cantar de mi canto
lo borre el viento
Gallo negro, gallo negro,
gallo negro te lo advierto:
no se rinde un gallo rojo
más que cuando está ya muerto.
¡Ay! Si es que yo miento,
que el cantar de mi canto
lo borre el viento.