
Por Michele Blanco
Increíblemente, Die Linke, el único partido de izquierdas alemán que ha alcanzado el quórum del 5% y tiene representantes en el Parlamento, se ha unido a los belicistas en su búsqueda de un rearme sin sentido.
Estos últimos días son históricos para Alemania, y no en el buen sentido. El Parlamento alemán ha cambiado el freno constitucional de la deuda para permitir un gasto militar ilimitado, por mucho que lleve al presupuesto federal a números rojos. Pero lo más grave es que no se destinará gasto alguno a inversiones en hospitales, asistencia, educación, guarderías, pensiones, tecnología verde, en definitiva, al Estado del bienestar.
En los últimos días, el Parlamento alemán ha decidido que, cuando se trata de financiar la vida y la felicidad de los ciudadanos, la austeridad sigue siendo fundamental porque está consagrada en la Constitución alemana. En cambio, la inversión en la muerte se ha hecho posible e ilimitada sin el estrangulamiento constitucional de la austeridad.
La razón subyacente de este impactante cambio en la constitución alemana es simple: los fabricantes alemanes de automóviles son ahora demasiado poco competitivos. Ya no pueden vender sus coches de forma rentable ni en Alemania ni en el extranjero. Por lo tanto, exigen que el Estado alemán compre los tanques que Rheinmetall producirá en las cadenas de montaje de Volkswagen, cada vez menos utilizadas.
Para que el Estado pudiera financiar la innecesaria carrera armamentística, era necesario eludir la prohibición constitucional de déficit. Siempre dispuestos a servir a sus amos empresariales, los partidos de los gobiernos centristas permanentes se unieron para introducir este cínico y vergonzoso cambio constitucional, que anula el compromiso que Alemania había adquirido tras la Segunda Guerra Mundial con la paz y el desarme.
Para cambiar la Constitución, los partidos centristas, incluidos los socialdemócratas y los verdes, necesitaban una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Parlamento federal alemán: el Bundestag (cámara baja) y el Bundesrat (cámara alta), donde cada Estado federal está representado en función de su tamaño y de la coalición de gobierno estatal.
Aunque los partidos centristas tenían su mayoría de dos tercios en el Bundestag saliente, se enfrentaban a un grave problema en el Bundesrat. Die Linke, el «partido de la izquierda», al que muchos habían glorificado por su buen resultado electoral, tenía una gran oportunidad con la posibilidad de hacer que los gobiernos estatales de los que formaba parte (como parte de una coalición local) se abstuvieran en la votación del Bundesrat. Esto habría detenido la enmienda constitucional que abría el camino para el regreso del demencial gasto militar sin límites.
Simplemente se han unido a los partidos procapitalistas y belicistas en esta locura peligrosa, vergonzosa y muy costosa del rearme sin sentido. Ahora los votantes de Die Linke están, con razón, furiosos y humillados, y algunos incluso piden la ruptura de las coaliciones estatales a las que pertenece el partido y la expulsión de los funcionarios implicados.
También el hecho de que Die Linke no se rebelara como debía y podía contra el genocidio en Palestina, y la posterior represión reservada por el Estado alemán a quienes protestaban contra ese genocidio, han socavado la reputación del partido a los ojos de los verdaderos progresistas no sólo en Alemania, sino también al otro lado de la frontera.
Nada destruye más rápidamente la integridad ética de un partido de izquierdas que una dirección demasiado ansiosa por ser homologada por los demás partidos del parlamento.
La dirección de Die Linke no hizo nada contra las políticas genocidas y de apartheid de Israel. Luego utilizaron sus votos en el Bundesrat para sancionar un retorno a la política de poder belicista de Alemania 80 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, causada por la Alemania de Hitler.
Dirigentes de Die Linke: tuvisteis la gran oportunidad de oponeros al rearme haciendo fracasar el intento de los partidos sirvientes de los grandes mortíferos, quizás hubiera sido el comienzo de un gran movimiento popular europeo contra la carrera armamentística. ¿Ahora qué haréis además de avergonzaros?
Fuente: Sinistrainrete
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