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La decisión de la alcaldesa de Barcelona de participar en la manifestación independentista del Onze de Setembre suscita una serie de cuestiones relativas al posicionamiento de la izquierda catalana respecto al proceso soberanista.
TOPO EXPRESS
Todo aquello que afecta a las gentes que viven en el fragmento de mundo denominado España, centrándonos en la política que se desarrolla en su seno y muy específicamente en la cuestión territorial, pues esta constituye uno de los grandes problemas políticos del momento, sin olvidar la cuestión social en todos sus aspectos.
La decisión de la alcaldesa de Barcelona de participar en la manifestación independentista del Onze de Setembre suscita una serie de cuestiones relativas al posicionamiento de la izquierda catalana respecto al proceso soberanista.
Alguien dijo que una mentira repetida cien veces acaba aceptándose como verdad. Eso ha sucedido con el eslogan "España nos roba", que solo ahora, con datos a la vista, parece estar desvaneciéndose.
Los mensajes contradictorios que emiten distintos sectores del PSOE responden a una realidad que se intenta disimular: el enemigo a batir, por –todos– los partidos del sistema, es Podemos.
Como estaba previsto, el pleno del Parlament aprobó las conclusiones de la Comissió d’Estudi del Procés Constituent, a pesar de las advertencias del Tribunal Constitucional. El debate se desarrolló en un clima de gran tensión que mostró la fractura de la cámara, reflejo de la creciente división que la apuesta independentista está generando en la sociedad catalana.
En la elección de la presidencia y la mesa de la cámara legislativa se escenificó el recital de imposturas de los partidos políticos del régimen, donde el reparto de los cargos y los intereses económicos se impusieron a cualquier consideración ideológica o ética.
El pasado fin de semana la antigua y ahora extinta Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) encaró el denominado congreso de refundación. El cónclave estuvo determinado por la rebelión de los delegados que ampliaron los estrechos márgenes de la renovación cosmética concebida por la dirección y por las incertidumbres del éxito de la operación.
Al reflexionar sobre la nueva fase política abierta en España tras las elecciones del 26 de junio, Pablo Iglesias, Manolo Monereo y otros han aludido a la expresión gramsciana del paso de la guerra de movimiento a la guerra de posición. ¿De qué se trata? Recuperamos aquí la nota más conocida de las escritas por Antonio Gramsci sobre ello en los Cuadernos de la Cárcel.
El estallido de la Operación Termyca ha desvelado no sólo la corrupción estructural que rodea la gestión institucional de Convergència, sino sus profundas complicidades entre amplios sectores de la clase política y la sociedad catalana.
Tras las elecciones todas las fuerzas políticas acostumbran a camuflar sus descalabros. Ahora surgió una que los magnifica. Este y otros aspectos de Unidos Podemos, como la opción por la “transversalidad”, son analizados por Martín Seco, junto a un repaso del que no se libran tampoco los demás. ¿Y ahora qué? Pasen y lean…
El sábado aterriza en España el capataz del Imperio de la Fuerza. ¿A qué viene? Unos lo recibirán en salones con el acostumbrado y reverencial "¡Bienvenido, Mr. Obama!" Otros en las calles y apelando a la memoria vindicarán un lema tan vigente como hace décadas: "¡OTAN, no; bases, fuera!" ¿Habrá "indecisos" entre ambas posturas?
El voto de la ciudadanía ha despejado alguna de las incógnitas planteadas por la repetición de las elecciones y ha formulado otras de difícil solución que apuntamos en este artículo. Ello ante el enorme desconcierto y decepción del electorado de izquierdas ante un resultado electoral decepcionante e imprevisto.
No se han visto satisfechas las expectativas, es cierto. Y es obvio que el partido de la corrupción y los recortes ha salido reforzado de esta contienda electoral. Tiempo habrá para reflexionar sobre ello y enmendar lo que haya que enmendar. Pero basta con echar la vista atrás para comprobar cómo hemos avanzado en muy poco tiempo. Por eso, ahora debemos dejar de lado el desánimo para avanzar con ímpetus nuevos por el camino emprendido.