Un día en Eko, Idomeni

Eko en Idomeni
Clara Sanchez es cooperante en el campo de refugiados de Eko, cerca de Idomeni, e integrante de un grupo de voluntariado independiente con un objetivo muy claro: crear un espacio infantil en el campo, un proyecto al servicio de las personas refugiadas. Son la cara amable de una crisis que está desgarrando Europa. Una cara amable que puede acabar pronto, ya que las autoridades están echando a cooperantes y periodistas de los campos griegos. Sin ir más lejos, la semana pasada cinco integrantes de la Brigada Vallesana, que trabaja en el proyecto de Eko, fueron detenidos por el gobierno de Alexis Tsipras. Este es su testimonio.

Nos despertamos en el piso que compartimos en Idomeni junto con cinco personas más. Estamos aquí desde hace unas semanas, y venimos porque no aguantábamos no estar aquí, porque se nos hacía insoportable que algo así estuviera pasando en suelo europeo. No estamos aquí por caridad, tenemos muy claro que estamos aquí para trabajar con ellos, no para ellos. Es verdad, vivimos en un piso precario y económico pero es que, en realidad, solo lo utilizamos para dormir y ducharnos. Nuestra jornada transcurre en Eko, un campo de refugiados improvisado alrededor de la gasolinera Eko Station, de dónde viene el nombre. Se encuentra en la autovía que va dirección a Macedonia, y es un campo más de la ratonera en la que se han convertido los alrededores de lo que antes era el pequeño y tranquilo pueblo griego de Idomeni. Hoy la gente huye del gigante Idomeni, dónde la inmensidad y la mala gestión política de la situación hacen que la coordinación y las estrategias conjuntas sean tarea casi imposible.

Una vez despiertos, nos vamos a la cafetería de siempre, desayunamos y quedamos a la espera de lo que nos deparará el día. Nunca sabes cómo transcurrirá, y eso es precisamente lo que más desespera a los refugiados: no saber qué camino emprenderá su vida. Nosotros, sus “acompañantes” ahora en esta lucha, tampoco. No sabes si vas a llegar y las autoridades habrán cerrado la clínica, como ya nos pasó hace unos días, o si ACNUR les estará contando toda la verdad para llevárselos a un campo en peores condiciones. Si habrá desperfectos o si el viento se habrá llevado la carpa del espacio infantil. Es muy difícil hablar de la cotidianidad en un campo de refugiados. Así que, si no hay sorpresas, a las 10h llegamos al campo de Eko y nos encontramos con las maestras que cada día se encargan de impartir clases de árabe. Aquí nos damos cuenta de cómo de absurda es nuestra tarea: la idea es que nosotros no tengamos que hacer nada, que sean ellas las que puedan hacerlo todo, pero no es fácil. Tenemos suerte, ya que en nuestro equipo contamos con tres maestras que se han unido al proyecto como voluntarios, pero seguramente por la forma de funcionar de las ONG’s, las personas están muy poco empoderadas en los campos de refugiados. Podrían hacerlo todo solas, son maestras, ¡llevan toda su vida haciendo de maestras! Pero el mensaje que les llega es que deben estar sentadas y esperar a que vengan las ONG’s con el material que han considerado necesario para los refugiados. Una vez repartido, empiezan las clases de árabe. Ese es el momento en el que nosotros nos centramos en las actividades con los más pequeños, no sólo para trabajar con ellos, sino sobre todo para dar a las madres un espacio para ellas. Los hombres ocupan gran parte del espacio público, todo es su territorio, y hacen falta espacios para ellas.

Espacio infantil donde se imparten las clases de inglés y árabe. Campo de refugiados de Eko Station, Grecia.

Espacio infantil donde se imparten las clases de inglés y árabe y se realizan los talleres infantiles.

Camp dEko2Es uno de nuestros momentos preferidos del día. Trabajar con los pequeños es lo mas agradecido del mundo: siempre tienen una sonrisa para regalarte. Hemos creado espacios distintos, y gracias a ello hay clases de ingles, actividades de circo, cine… Ese es otro de nuestros mejores momentos, cuando se pone el sol y nos reunimos en la carpa infantil. Es una de las actividades que mejor acogida tiene. Los niños nos piden películas (nos sorprendió muchísimo, pero la primero que pedían a gritos era Mr. Bean), y se genera un momento entrañable: niños y adultos reunidos en la carpa para un momento de tranquilidad, de complicidad, de solidaridad.

Aun así, todo son parches. La vida en el campo es dura. Muy dura. Cada día hay alguna historia impactante, demoledora. Nunca nos acostamos sin un golpe, sin algo que te recuerde lo injusta que es esta situación. Que te recuerde que estas personas vienen de una guerra que es responsabilidad de la mayoría de estados europeos, y que somos responsables de este día a día, precario e indigno. El problema mas grave no es que pasen hambre, que también. No es el techo. El barro. Las enfermedades. Sus necesidades más básicas no son la comida y las tiendas de campaña en las que duermen. Lo que más acusan es que les hayan denigrado y les hayan quitado la dignidad. La Unión Europea y las organizaciones que trabajan para ellos no los tratan como personas. Los refugiados se levantan cada día y no saben que será de ellas, no pueden decidir nada, porque su futuro se decide con acuerdos indignos y tratados bilaterales. Estas personas ya no son sujetos de su vida, y no tienen la capacidad de llevar a cabo un proyecto de vida, algo básico para el ser humano. Un campo de refugiados nunca será un espacio digno, porque las personas aquí no son tratadas como personas. Y lo que más nos preocupa es que no sabemos dónde está el límite. Escuchamos lo que hacen los gobiernos y pensamos que no pueden hacer nada más gordo. Y lo hacen. El otro día sobrevolaban el campo operativos de la OTAN con Kazaas. Para un niño que acaba de salir de una guerra, esto es una tortura. Todos lloraban. ¿De verdad esta es la mejor forma que tenemos de recibir a estas personas? La Unión Europea tiene la capacidad económica y humana para recibir a estos refugiados, ¿seguro que no hay una alternativa?

La opción del gobierno griego, junto con la ACNUR y la UE, es trasladar a estas personas a campos de refugiados militares e institucionalizados. Desde el 9 de marzo, la frontera con Macedonia esta cerrada. 52.000 refugiados han quedado estancados en Grecia, hoy tierra de nadie. Para los que estamos aquí y vemos de qué se trata, esto no es una opción viable. Si se producen los traslados masivos, estaremos permitiendo que la problemática se haga crónica. Si los ponemos entre vallas, en un sitio dónde los medios no tengan acceso y del que ellos no pueden salir, estas personas serán olvidadas. Y esto nos da pánico.

En España se destinan sólo diez millones de euros a políticas de asilo. Pero, según publicó eldiario.es a finales de 2015, el país gasta 22.000 euros al día en las vallas fronterizas con Marruecos. No son los únicos. Sólo en la construcción de los 235 kilómetros que vallan las fronteras exteriores, la Unión Europea se gastó en 2015 la friolera de 175 millones de euros. Una muestra más de que el sistema que hemos construido está al servicio del capital, y no de las personas. Una demostración mas de la locura de mundo en el que vivimos.

El grupo Txarango actuando en Eko Station. Ve el documental completo en: https://goo.gl/wIdD9I

El grupo Txarango actuando en Eko Station. Pincha en la imagen para ver el documental completo de su visita.

Artículo escrito con la colaboración de Anna Galdon.